miércoles, 20 de agosto de 2008

Cómo sobrevivir al insomnio, parte uno.


Probé de todo. Pensé en blanco, conté ovejas, tomé las mil y un infusiones chinas, fumé hierbas ilegales, cerré los ojos e intenté relajarme. Nada funciona, cuando cae la noche, lo único que me queda es resignarme.

Cuando una persona no puede dormir, generalmente es por culpa. Yo creo que un poco de eso hay... pero básicamente, tengo miedo de quedarme sola en la oscuridad conmigo misma. Cuando uno se queda solo en la oscuridad sin nada que mirar para distraerse, sin siquiera ser consciente de dónde se le termina el cuerpo, inevitablemente tiende a pensar, lo que en mi caso es sinónimo de querer salir corriendo.

Así es como opto pasar mis noches entre Fox y sus series repetidas hasta el hartazgo, cigarrillos en cantidades industriales, conversaciones esporádicas por msn con algún otro insomne, fisura o desvelado, ataques obsesivo-compulsivos de orden y limpieza y millones de vasos de cocacola mezclados con algún que otro analgésico potente cada tanto para calmar los dolores de cabeza.

Para cuando amanece, por lo general ya tengo algo de sueño; para cuando finalmente logro dormirme, me quedan tan solo dos horas y media para tratar de soñar algo placentero antes de tener que levantarme a enfrentar el día nuevamente.

Definitivamente, eso sí que es vida.

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